No, no tienen nada que ver con la cantante Chenoa. Ni con la interjección valenciana “xe” (ojo: tampoco con la argentina “che”). En realidad, llamamos “xenismos” a aquellas palabras extranjeras que, al incorporarse al idioma que las adopta, mantienen la estructura y significado de su idioma original. “¿Otra vez a vueltas con los extranjerismos?”. Sí y no. De hecho, no negaremos que quizá se nos quedó en la última entrada al respecto cierto regustillo de que somos antiextranjerismos. Y tampoco es eso.
De hecho, la entrada de esta semana la hemos enfocado como una pequeña alabanza, por así decirlo, de aquellas palabras prestadas de otro idioma que enriquecen no solo el nuestro, sino también nuestra realidad. Palabras que no pueden traducirse de forma literal, pues no existe ninguna palabra (ni realidad) semejante en la lengua que las toma prestadas. Así que, o bien se transfieren tal cual, o bien se adaptan un poco para que resulten mínimamente “pronunciables”.
Quizá dicho así te suene todo muy raro, pero te aseguramos que a diario usas muchos xenismos, quizá sin ser consciente de que lo son. Como por ejemplo…
“CASTING”. En efecto, podríamos ahorrarnos este vocablo diciendo “proceso de selección”, pero desde luego la versión española no solo es bastante más larga, sino también más inespecífica de entrada.
“BOUTIQUE”. Aquí sí sería más ajustado sustituirla por “tienda de ropa de moda”, aunque vayan a darnos las uvas pronunciándolo y nuestro interlocutor nos mire con cara de no saber si nos ha dado un cortocircuito.
“SOFTWARE”. El DRAE define este sustantivo como “Conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas en una computadora”. Y, aunque el DPD sugiere sustituir tal xenismo por “programa (informático)” o “aplicación (informática)”, la propia definición del DRAE nos deja bastante claro que sería una solución a todas luces insuficiente.
SÁNDWICH. Pasamos ahora a un xenismo adaptado, en este caso del inglés “sandwich” (sin tildar). Habrá quien diga que un sándwich no deja de ser un “bocadillo” o “emparedado”, pero si echas un vistazo al DRAE, verás que hay sutiles diferencias entre estas tres realidades (diferencias que, a su vez, quedan recogidas en tres denominaciones distintas).
CANGURO. Y, por no hacerlo demasiado largo, cerramos con esta preciosidad, adaptación sui géneris del vocablo inglés de origen australiano “kangaroo”. El animal típico de Australia, naturalmente, que en su día nos aportó no solo el conocimiento de una realidad totalmente ajena a nosotros, sino también una palabra con la que referirnos a esa realidad sin morir en el intento. Palabra la que, por cierto, hemos dado no solo buen uso, sino nuevos usos, pues se ha adaptado a su vez a nuevas realidades (que se lo digan a quienes acaban de tener un bebé, pues en el futuro tal vez acaben recurriendo a canguros de varios tipos, salvo de los que van por ahí saltando… o igual también a esos, vaya usted a saber, que hay gente con mascotas muy extravagantes).
Así pues, y en conclusión, lo bonito de los xenismos es que, lejos de restarnos (como sí ocurre con los extranjerismos innecesarios o incluso de uso erróneo), nos suman. Y no poco, pues permiten conocer mejor otras culturas y otras formas de ver el mundo.

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