Cuando leemos un texto, nada hay más molesto que la torpeza a la hora de organizar la información. Bueno, vale, hay muchas otras cosas que resultan irritantes («horrores» ortográficos, meteduras de pezuña gramaticales, redundancias, ambigüedades…). Sin embargo, hay algo especialmente frustrante cuando nos topamos con frases cuyos elementos siguen un orden demasiado ilógico, torpe, antiestético o poco funcional que levanta una barrera entre el texto y nosotros.
Por eso en la entrada de esta semana te proponemos seis útiles fórmulas para ordenar los elementos de una oración. Porque es un tema que no puedes tomarte a la ligera.
FÓRMULA 1: Se trata de la manera más básica de ordenar con lógica una frase: «agente + acción + circunstancias». O, como nos enseñaban en el colegio (si tienes cierta edad), «sujeto + verbo + objeto». Así, en vez de decir «En la cesta las manzanas las tenía Pepa» diríamos «Pepa tenía las manzanas en la cesta». Mucho más claro en el segundo caso, ¿verdad?
FÓRMULA 2: Aquí subimos un poco el nivel de complejidad y nos vamos nada menos que a la coordinación. La RAE la describe como la «relación gramatical entre palabras o grupos sintácticos del mismo nivel jerárquico, de forma que ninguno de ellos esté subordinado al otro». Veámoslo con un ejemplo: «Pepa compró manzanas para su padre. Su padre trajo peras del huerto». De entrada, no hay nada incorrecto en el modo de ordenar las frases dentro del discurso, ¿verdad? Tenemos dos oraciones que se ciñen perfectamente a la fórmula 1. Pero, claro, podríamos hacerlo de forma más fluida, menos a trompicones: «Pepa compró manzanas para su padre y su padre trajo peras del huerto». Ahora bien, ¿qué hacemos con esa repetición tan seguida del elemento «su padre», que suena un pelín confusa, por no decir que fatal? Pues podemos sustituir el segundo con «este último», por ejemplo: «Pepa compró manzanas para su padre y este último trajo peras del huerto». Sí, sabemos que no es el colmo de la complejidad, pero nos quedan otros cuatro niveles por delante.
FÓRMULA 3: Consiste en añadir una oración de relativo que modifique a un nombre o pronombre. Podemos servirnos para ello del ejemplo anterior. Habíamos quedado en que «Pepa compró manzanas para su padre y este último trajo peras del huerto», ¿cierto? Estupendo. ¿Y si cambiamos ese «y este último» por un «que»? Pues nos queda lo siguiente: «Pepa compró manzanas para su padre, que trajo peras del huerto». ¿A que también lo ves bastante natural, sin perder fluidez?
FÓRMULA 4: Y ahora demos un pasito más allá, agregando en la posición inicial una circunstancia que enmarque todo lo que se dirá después. Así, se entenderá que la frase ocurre dentro de dicho ámbito espacial, temporal, de motivo o de campo de referencia. Suena confuso, ¿no? OK, volvamos al ejemplo de antes. Hasta ahora, tenemos claro que Pepa y su padre se están aprovisionando de frutas, pero ¿sabemos para qué? ¿O cuándo? Ahí tenemos la clave para la cuarta fórmula: «En la búsqueda de una dieta más sana, Pepa compró manzanas para su padre, que a su vez trajo peras del huerto». O quizá «El sábado por la mañana, Pepa compró manzanas para su padre, que trajo peras del huerto».
FÓRMULA 5: Y aquí ya viene el despiporre de complejidad: insertar varias oraciones subordinadas, una tras otra. Por supuesto, si se maneja bien, puede quedar bastante apañado: «El sábado por la mañana, mientras Pepa compraba manzanas para su padre, este trajo peras del huerto, pues había decidido llevar una dieta más sana que incluyera una mayor ingesta de frutas». Sin embargo, también plantea sus (serios) inconvenientes, como que se genere una sensación de pesadez o confusión. Porque una cosa hay que tener clara: si estamos haciendo malabares con varias ideas dentro de una misma frase, nos conviene relacionarlas del mejor modo para transmitirlas con claridad.
FÓRMULA 6: Por último, en este nivel podemos enfatizar aquellos factores de la oración que, por el motivo que sea, consideremos más relevantes, más merecedores de cierto hincapié. En tal caso, nos resultan muy útiles las pausas (en el discurso oral) o las comas (en el escrito). Regresemos con los fruteros y reescribamos el último ejemplo de la fórmula 5: «A fin de que llevase una dieta más sana con una mayor ingesta de frutas, el sábado por la mañana Pepa compró manzanas para su padre, mientras que este trajo peras del huerto». Como vemos, nos ha parecido que la razón de tanta pera y tanta manzana tenía la suficiente relevancia, de modo que la hemos adelantado al inicio de la frase y la hemos aislado de los demás con una sencilla coma.