Habrá a quien la palabra “modismo” le traiga a la mente espectaculares desfiles de alta costura en las mejores pasarelas de París. Pero nada más lejos de la realidad. Aunque los sustantivos “modismo” y “moda” provienen del latín “modus”, no hablan exactamente de lo mismo.
Nos abstendremos de explicar aquí en qué consiste eso de la “moda” porque, entre otras cosas, no es el tema del blog. Pero ¿y “modismo”? El DRAE lo describe como una “expresión fija, privativa de una lengua, cuyo significado no se deduce de las palabras que la forman”. Por ejemplo, la expresión “dar gato por liebre”. Si nos ceñimos de forma estricta al significado literal de esas cuatro palabras combinadas, supondremos que implica ofrecer un precioso “michi” a cambio de una liebre. ¿Está hablándonos de un trueque? Y lo que es más importante: ¿por qué alguien querría canjear un encantador “michi” por una apestosa liebre?
Bueno, en realidad, el modismo en cuestión no tiene ese significado, sino que más bien se refiere a algo así como “dar un gato” a otra persona haciendo que esta lo tome “por una liebre”. Suena a galimatías, ¿verdad? Y en el fondo lo es. Pues se trata de una interpretación demasiado literal, y no olvidemos que los modismos se mueven en el terreno de la metáfora, del sentido figurado. Así pues, cuando decimos “dar gato por liebre”, nos referimos a intentar engañar a otra persona, a mentirle de forma premeditada. Del mismo modo que alguien podría asegurar que te sirve un suculento plato de liebre guisada cuando, en realidad, lo que te está sirviendo es carne de “michi” apestoso.
Como vemos, los modismos son una de las partes más inesperadas, imaginativas y un puntito alocadas de la lengua. Elementos que a menudo provienen del pueblo llano y que, aunque demos por sentados e incluso subestimemos a fuerza de usarlos desde siempre, logran algo extraordinario: recoger e integrar en el uso cotidiano cierta voluntad poética (quizá no muy autoconsciente ni premeditada, pero poética al fin y al cabo) de la gente de a pie.
Dicho esto, no es de extrañar que los modismos constituyan uno de los desafíos más divertidos pero a la vez peligrosos cuando estamos traduciendo. ¿Por qué peligrosos? Pues está muy claro: porque, si no somos conscientes de que nos encontramos ante un modismo y de lo que este significa en realidad, lo más probable es que acabemos traduciéndolo de forma literal por un galimatías que no hay quien entienda.
Ahí tenemos la expresión “to kick the bucket”, por ejemplo, que es lo que en castellano llamamos “estirar la pata” (y no precisamente porque te haya dado un calambre…) o, como dicen ahora los jóvenes, “desuscribirse de la vida”. Si no somos conscientes de este dato, hay elevadas posibilidades (tan elevadas que asusta) de que lo acabemos traduciendo como “dar una patada al cubo”. Aunque en ese fragmento de texto no haya ningún cubo, ni mucho menos un porqué para darle una patada como un desquiciado. Así, nuestra hazaña traductora se saldará con el desconcierto general, como poco; y, entre aquellos que saben bien de qué va el tema, con unas carcajadas más que merecidas.
Quizá parezca que traducir de modo adecuado modismos ingleses resulta muchísimo más complicado de lo que en realidad es. Pero no te dejes avasallar por las apariencias. De acuerdo, lo ideal es que te empapes bien de ese segundo idioma, que le dediques muchísimo tiempo y dedicación, al igual que en su día hiciste con tu lengua materna, hasta que llegue el día en que los modismos te surjan de forma natural y, por tanto, sepas reconocerlos al vuelo en cuanto los veas. Pero seamos realistas: ¿cuántos de nosotros tenemos la posibilidad verdadera de hacer eso? ¿Cuántos disponemos hoy de ese lujazo que es el tiempo?
Vale, pasemos a otra opción quizá un tanto más factible: conseguir una lista de modismos. Una solución muy de estudiante de inglés, sí, pero que para salir del paso no está mal. Basta con que busquemos por Internet una lista de modismos ingleses con su correspondiente traducción al castellano, que podemos ampliar luego pensando modismos castellanos que no aparezcan en la lista y, a su vez, buscando cuál es su equivalente inglés. Y, si no somos tan perezosos, incluso podemos dar un rodeo: buscar una lista de modismos ingleses que tan solo incluya sus definiciones en dicho idioma, para luego ponernos a “darle al tarro” (otro modismo muy nuestro) y pensar cuáles podrían ser los equivalentes en nuestro idioma.
¿Qué aún te parece todo demasiado laborioso? Hay que ver lo vagos que nos hemos vuelto, ¿eh? Por suerte, tenemos excelentes noticias: cuando traduces, no siempre es necesario haber vivido quince años en Liverpool o en Minnesota. Como tampoco lo es haberte memorizado una larguísima lista de modismos en inglés con sus equivalentes en castellano. En no pocas ocasiones, basta con que tengas activado el componente mágico, ese elemento milagroso al que llamamos “lógica pura y dura”.
Supongamos que estás traduciendo un texto en inglés y de pronto lees que el cielo estaba muy encapotado, así que a nadie le sorprendió mucho que antes de mediodía se pusiera a llover “cats and dogs”. ¿Es posible que lluevan gatos y perros? Bueno, en la historia del mundo han llovido del cielo cosas muy raras. En el desenlace de la película “Magnolia”, de Paul Thomas Anderson, se producía una lluvia de ranas de dimensiones casi bíblicas. Y, en la famosa canción de The Weather Girls, el grupo musical celebraba una lluvia de hombres, y además con sus respectivos “aleluyas”.
Visto así, quizá sí sea posible que lluevan perros y gatos del cielo. De todos modos, ante la duda, sigue leyendo el texto original y cerciórate. Si el autor o autora no menciona nada sobre un paisaje apocalíptico donde reina el caos y el terror, con el asfalto lleno de charcos de sangre y esquirlas, cadáveres de gatos con ojos desencajados y, sobre los techos abollados de los vehículos, perros moribundos con todos los huesos descoyuntados…, es más que probable que te encuentres ante un modismo y ese “raining cats and dogs” no debas traducirlo literalmente como “llover gatos y perros”. De hecho, te vamos adelantando que un modismo equivalente en castellano es “llover a cántaros”.
Y, ya para finalizar, ¿qué ocurre si te topas con un modismo que no tiene equivalente en castellano? En ese caso, te recomendamos traducirlo del modo más aproximado posible, aunque no sea perfecto, para captar todos los matices y que queden integrados en tu texto. Es lo que ocurre con la expresión “to throw someone under the bus”, que no significa “lanzar a alguien bajo un autobús”, sino más bien traicionar la confianza de alguien y culparlo de forma malintencionada con el objeto de “salvarte el culo” a ti mismo. Muchos matices, sí, pero siempre hay un modo de integrarlos; si no todos de forma textual, quizá algunos implícitamente. Lo importante es no hacer las cosas a ciegas (que, por cierto, mira tú por dónde, es otro modismo…).