Ahora que han llegado los calores del verano, a muchos (de acuerdo, a quienes pueden permitírselo) les da por huir de la rutina y refugiarse en sitios nuevos. O, como mínimo, en lugares que visitan con bastante menos frecuencia de la que les gustaría. Cualquier opción es buena: desde ciudades europeas hasta exóticos destinos turísticos o, en el peor de los casos, el siempre socorrido pueblo de los abuelos.
Sea como sea, lo que está claro es que nos encanta viajar. ¡Estamos hechos unos Willy Fogs! Y ojo, pues lo vemos incluso en el uso del idioma. Porque el castellano es de lo más disfrutón, queridos, así que no es de extrañar que esté repleto de frases hechas que hacen referencia a topónimos (es decir, a nombres propios de lugares). ¿No te habías dado cuenta? Pues espérate, porque la lista no es lo que se dice corta… Pero que no cunda el pánico, pues te las ponemos por orden alfabético (que no se diga…).
«¡Adiós, Madrid, que te quedas sin gente!». No es de las más habituales, pero la usamos de forma irónica (por no decir que con muy mala leche) cuando alguien que se las da de importante o imprescindible se marcha de un sitio.
«¡Ancha es Castilla!». Decimos esto cuando se puede actuar con toda libertad, sin impedimentos de ningún tipo.
«Andar/ir de la Ceca a la Meca». O sea, ir de un sitio a otro, a menudo de forma errática, sin un objetivo claro.
«Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…». Seguro que esta la has usado alguna vez de forma sarcástica cuando, durante una conversación, alguien ha intentado introducir un tema concreto de forma abrupta y sin conexión directa con lo que se estaba hablando.
«Coger las de Villadiego». Es decir, largarse de un sitio súbitamente y sin dar explicaciones. Pero no en plan «irse a la francesa», no: más bien en plan huida. Si quieres saber de dónde procede dicha expresión, aquí te lo explican.
«De Madrid al cielo». En la primera frase de la lista parecía claro que, en un momento dado, incluso la gente más selecta puede irse de «Madrid». Pero esta nos dice que no, que ¿quién en su sano juicio se marcharía de semejante paraíso terrenal?
«En Calatañazor, Almanzor perdió su tambor». Se dice que, en la batalla de Calatañazor, el caudillo musulmán Almanzor sufrió una derrota, en la que perdió su invencibilidad y su alegría. Hoy lo usamos para decir que alguien ha perdido lo mismo, básicamente.
«En Santo Domingo de la Calzada, cantó la gallina después de asada». Dicha frase habla del milagro atribuido al santo que dio nombre a esta localidad. Pero ¿en qué contexto la usamos? Pues para referirnos a un suceso inexplicable o inesperado.
«Eres como el Guadiana, que aparece y desaparece». La propia frase ya se explica a sí misma, de modo que no redundaremos. Ahora bien, ¿en serio aparece y desaparece el río Guadiana? Más bien su corriente superficial, que desaparece en ciertos tramos de su curso para reaparecer más abajo.
«Estar en Babia». Seguro que esta te la han dicho en casa o en el cole cuando te has quedado pensando en las musarañas y sin enterarte de lo que ocurría a tu alrededor. Para conocer sus posibles orígenes, te recomendamos este enlace.
«Estar en la luna de Valencia». Mismo uso que la anterior. Y, como en la anterior, también hay diversas teorías sobre su posible origen.
«Estar en las Batuecas». Mismo uso que las dos anteriores. Porque, claro, ¿quién no querría encontrarse allí?
«Estar entre Pinto y Valdemoro». Con esta expresamos una terrible duda e indecisión, casi digna de Hamlet (bueno, quizá no tanto…). Sea como sea, más sobre el tema aquí.
«Esto es Jauja». La expresión surge en el siglo XVI con el significado de un lugar idílico y próspero, casi utópico. En concreto, una ciudad peruana a la que los conquistadores españoles llegaron en su día y que les pareció ideal (de la muerte, no nos cabe duda). Hoy lo usamos también para decir que algo resulta muy fácil de hacer.
«Lo que natura no da Salamanca no presta». Es una forma elegantemente malintencionada de afirmar que ciertas cualidades deben ser innatas y que, por mucho que se las pueda cultivar, no se adquieren por las buenas. Ni siquiera asistiendo a un centro tan reputado como la Universidad de Salamanca.
«Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él». La pasión amorosa puede arrastrar a la desgracia, como bien sabe aquel amante turolense que murió en las aguas gélidas del Atlántico Norte por dejar que su novia se subiera a una robusta puerta a modo de tabla de salvación y… ¡Que es broma! Aquí tienes la historia «real».
«No se ganó Toledo en un credo». O sea, que lograr algo importante requiere tiempo.
«No se ganó Zamora en una hora». Pues lo mismo.
«Pasar una noche toledana». De esto saben mucho los padres primerizos. Pero a veces también podemos sufrir insomnio por problemas o preocupaciones.
«Poner a alguien mirando a Cuenca». Vale, no es la frase más romántica del mundo. Pero estamos convencidos de que, si los amantes de Teruel la hubiesen puesto más en práctica, quizá no habrían acabado como acabaron. La usamos como sinónimo de… digamos que de «hacer el amor», por ser finos. Pero seguro que Bad Gyal o Bad Bunny lo dirían de otro modo.
«Poner pies en Polvorosa». O, lo que es lo mismo, marcharse de forma precipitada. Por lo visto, hay un par de posibles orígenes de la expresión.
«Poner una pica en Flandes». El propio DRAE lo define como «conseguir algo de especial dificultad». Si quieres conocer en mayor profundidad sus orígenes (militares, como habrás supuesto), te recomendamos leer el siguiente enlace.
«Que salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera (y que sea lo que Dios quiera)». El significado de esta expresión tan simpáticamente malagueña casi podría condensarse en el inciso entre paréntesis, es decir, en asumir el riesgo de una decisión que tomamos sin estar muy seguros de ella.
«Quien fue a Sevilla perdió su silla». Es imposible que jamás hayas escuchado esta expresión. Como seguro que sabes, la usamos cuando alguien se aleja de un lugar y, a la vuelta, descubre que ha perdido su sitio en él.
«Quien no va a Sevilla no ha visto maravilla». En efecto, es un poco la versión sureña de «De Madrid al cielo».
«Salir de Málaga para entrar en Malagón». Viene a ser un sinónimo de «saltar de la sartén para caer en las brasas», o sea, ir de un sitio malo a otro peor.
«Tener más moral que el alcoyano». Vale, si nos ponemos técnicos, «alcoyano» no es un topónimo, sino un gentilicio. Pero nos puede servir igual. Con esta frase nos referimos a una persona o colectivo que lucha por algo con mucha fuerza. De hecho, en un principio se refería al C. D. Alcoyano (pero, si quieres enterarte más a fondo de las posibles teorías sobre su origen, echa un vistazo a este enlace).
«Todos a una, como en Fuenteovejuna». Y cerramos nuestra lista con esta referencia literaria, pues no en vano se conecta con la obra teatral de Lope de Vega. En ella, un pueblo entero se une para resistir la opresión de un comendador, respondiendo «Fuenteovejuna, todos a una» ante cualquier investigación. Naturalmente, hoy la usamos para hablar de la unión de un grupo de personas para alcanzar un objetivo común.