¿Recuerdas cuando en tu infancia te contaban un cuento y casi te daba la sensación de que lo estaban improvisando especialmente para ti? Los personajes cobraban vida con una espontaneidad asombrosa, los acontecimientos se sucedían con una naturalidad que te dejaba sin aliento y las sorpresas siempre eran…, en fin, de lo más sorprendentes, valga la redundancia.
Sin embargo, con el tiempo descubriste lo que ya sabemos todos: nadie estaba improvisando nada (o, por lo menos, no improvisaba los cimientos del relato). Porque esos cuentos de hadas que nos han llegado poco tienen, a estas alturas, de espontaneidad, naturalidad o sorpresa. Y de eso se percató en su día el antropólogo y lingüista ruso de origen alemán Vladimir Propp (1895-1970).
En su afán por establecer un corpus teórico para la creación de novelas, Propp decidió comenzar estudiando la morfología de los cuentos maravillosos de la tradición rusa. Para ello, fragmentó por partes más de cien cuentos y, poco a poco, descubrió que en todos ellos había una serie de elementos recurrentes que siempre se mantenían, por mucho que las historias y los personajes cambiasen de uno a otro. En concreto, funciones básicas que asumían los diversos personajes (es decir, acciones fundamentales que estos desempeñaban) y que iban dando forma a esas tramas que tan «libres» nos parecían de pequeños.
Propp recogió este estudio en su obra «Morfología del cuento», donde distinguía 31 funciones narrativas principales. Funciones que, aunque no siempre aparecían de la primera a la última en cada cuento, siempre seguían el mismo orden. Las podemos distribuir en seis grandes bloques, cada uno de los cuales recoge varias:
RUPTURA DEL EQUILIBRIO
1. Alejamiento: Alguien importante se aleja del hogar (por el motivo que sea: su secuestro, su fallecimiento…). En «La Cenicienta», por ejemplo, fallece primero su madre y luego su padre.
2. Prohibición: Se le impone al protagonista una regla que no puede romper. Así, a Caperucita Roja le dice su madre que no hable con extraños ni se aparte del sendero del bosque.
3. Transgresión: Se rompe la prohibición. Si no, ¿de qué iba a acabar Caperucita charlando con el Lobo Feroz?
4. Interrogatorio: El villano/agresor intenta obtener información. «¿A dónde vas tan sola, Caperucita?».
5. Información: El villano obtiene ese dato que tanto le interesaba. «A llevarle un trocito de tarta, un tarro de miel y una botella de licor a mi abuelita, que está enferma».
6. Engaño: El villano intenta engañar al protagonista. En «Hansel y Gretel», la bruja de la casa de jengibre (o de chocolate, según la versión) se muestra de lo más amable con los hermanos protagonistas, cuando en realidad se los quiere zampar.
7. Complicidad: La víctima cae en el engaño y, sin ser consciente, ayuda al villano a cumplir su maléfico plan. Siguiendo con el cuento anterior, Hansel y Gretel confían en la anciana y se meten en la casa a seguir poniéndose finos de chuches.
8. Fechoría o carencia: Ocurre el problema principal, que suele ser que el villano/agresor daña a un miembro de la familia. En «La Bella Durmiente del Bosque», el hada que se siente agraviada durante el bautizo de la princesa le lanza un hechizo a la pequeña como venganza.
COMIENZO DE LA AVENTURA
9. Mediación o momento de transición: Se divulga la noticia de la fechoría o carencia y llega a oídos del héroe. En «Rapunzel», el príncipe descubre que en cierta torre sin puerta se encuentra recluida una bella dama con el cabello más largo que Isabel Pantoja.
10. Principio de acción contraria: El héroe decide tomar cartas en el asunto. En «El gato con botas», por ejemplo, el protagonista homónimo decide ayudar a su amo a prosperar económica y socialmente, y así lo convierte en marqués de Carabás porque le sale del rabo (nunca mejor dicho).
11. Partida: El héroe se va de casa, como hacen Hansel y Gretel o como hace Pulgarcito.
PRUEBAS Y AYUDA
12. Prueba del donante: Al héroe se le plantea una prueba y, si la supera, esta le reporta un objeto o un auxiliar mágico. En «El príncipe rana», hay una rana que le pide a la princesa que le dé un beso y, cuando esta accede pese a la repugnancia que le provoca, la rana se convierte en un bello (y multimillonario) príncipe.
13. Reacción del héroe: Este responde a la prueba, como la princesa que se traga los escrúpulos y le planta un morreo a la rana.
14. Recepción de objeto mágico: El héroe obtiene una ayuda especial. En el cuento de «Aladino», este encuentra la lámpara mágica que le solventa varios problemas (y le reporta alguno adicional, pero ese es otro tema).
15. Desplazamiento: El héroe llega al lugar del conflicto. En «Jack y las habichuelas mágicas», este trepa la planta de habichuelas y llega a la nube donde reside el gigante.
ENFRENTAMIENTO
16. Combate: El héroe y el villano se enzarzan en una lucha. En «El mago de Oz», Dorothy se enfrenta directamente a la Malvada Bruja del Oeste en su castillo.
17. Marca: El héroe recibe (casi siempre tras el combate) una señal, es decir, una herida, una cicatriz, una señal física o un distintivo que permitirá reconocerlo más adelante. Así, en «Rapunzel», cuando la bruja descubre al príncipe, lo empuja desde la torre y este queda ciego al caer sobre unas zarzas.
18. Victoria: El villano es vencido. Volviendo a Oz, nuestra buena Dorothy le lanza un cubo de agua a la bruja y esta se derrite.
19. Reparación: Se repara la fechoría o se colma la carencia. Por ejemplo: el beso de amor (a cualquier cosa la llaman «amor», también te digo…) despierta a Blancanieves y a Cenicienta de sus respectivos trances.
REGRESO Y RECONOCIMIENTO
20. Regreso: El héroe vuelve. (Jack regresa a casa tras robarle sus sacos de oro al gigante).
21. Persecución: El villano persigue al héroe. (El gigante va tras ese renacuajo de manos tan largas).
22. Socorro: El héroe logra escapar.
23. Llegada de incógnito: El héroe regresa a su hogar o a la región sin que nadie lo reconozca. Así, en «La Cenicienta», esta llega al baile real tan ultraproducida que no la reconocería ni la madre que la parió (en el caso de que siguiese viva, claro).
24. Falso héroe: Alguien se atribuye el mérito de los logros del héroe. En fin, todos sabemos lo que hizo con su propio talón la desesperada hermanastra fea de Cenicienta para hacerse pasar por ella, ¿verdad?
25. Tarea difícil: Se le impone al héroe un reto final. Bueno, quizá que Cenicienta se pruebe un zapato de su número no es lo que se dice un reto (y mucho menos, difícil), pero es lo que hay.
26. Cumplimiento de la tarea: El héroe supera el desafío. Siguiendo con el mismo ejemplo, Cenicienta se alza con el heroico logro de…, en fin, de que el pie le entre en un zapato hecho a medida. ¡Heroína! ¡Reina! ¡Titana!
27. Reconocimiento: Se descubre al verdadero héroe. ¡O heroína! ¡Reina! ¡Titana!
28. Desenmascaramiento: El falso héroe queda expuesto. Y humillado de forma muy sádica, como cuando unos lindos pajaritos del bosque se lanzan sobre las hermanastras de Cenicienta y les picotean los ojos hasta dejarlas ciegas. Ríete de Tippi Hedren en la peli de Hitchcock.
FINAL
29. Transfiguración: El héroe recibe una nueva apariencia. Así, en «El patito feo», este se convierte al final en un precioso cisne que vivirá feliz para siempre (y haciendo «bullying» a sus antiguos compañeros, probablemente).
30. Castigo: El villano es castigado. Si se cebaron con las hermanastras de Cenicienta, buscad lo que le pasó a la madrastra de Blancanieves según los hermanos Grimm, que vais a flipar.
31. Boda o recompensa: El «y fueron felices y comieron perdices» de toda la vida, vaya.
Vale, y ahora que hemos visto esto, te estarás preguntando cómo vas a aplicar esa retahíla de cosas a tu relato o tu novela, si en realidad lo de Propp está pensado para cuentos de hadas.
¡Craso error! Quizá Propp partiera de los cuentos maravillosos rusos, pero su lista puede aplicarse a cualquier obra narrativa. ¿O acaso cuando Ulises se marcha de Ítaca no está cumpliendo la función 11; y cuando regresa, la 20? Cuando a Hércules le encomiendan que obtenga las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, ¿no estamos en la función 12? Cuando Luke Skywalker pierde la mano en su combate contra Darth Vader, ¿no ha recibido esa marca tan propia de la función 17?; ¿y no vemos la función 29 cuando en «El retorno del jedi» ese granjero vuelve convertido por fin en un jedi de tomo y lomo?
Ahí está el reto: en que uses las funciones de Propp para estructurar tu relato. ¿Pero cómo? Un ejercicio o juego simpático consiste en que elabores treinta y una tarjetas y que en cada una de ellas anotes una sola de las funciones de Propp. Barájalas y extrae las primeras tres, cuatro, cinco o diez, no sé, las que te dé la gana. Intenta aplicar cada función a uno o varios personajes. Imagina que la primera que extraes es la 12, es decir, «La prueba del donante». ¿Qué prueba podría tener que superar tu personaje? Lo interesante está en retorcer lo esperable, como hizo Pedro Almodóvar en «Carne trémula», sin ir más lejos, donde el personaje de Víctor (Liberto Rabal) se autoplantea el reto de convertirse en el mejor amante del mundo y, de este modo, conseguir el premio: «vengarse» de Elena (Francesca Neri) con la mejor sesión de sexo que haya tenido esta jamás.
O, rizando el rizo, como también hizo Thomas Harris en «El silencio de los corderos», donde las funciones 4 y 5 están enmascaradas/invertidas: aunque es Clarice quien interroga a Lecter para obtener ciertos datos, es el villano quien en realidad los obtiene de ella con su habilidosa conversación.
No lo olvides: escribir es jugar. ¡Atrévete a sorprenderte!