Hace algún tiempo ya dedicamos una entrada a dilucidar por qué «Estado» se escribe con mayúscula, pero «nación», «pueblo» o «país» no. Y el tema se las traía, como recordarás, ya que, si las cosas de palacio van despacio, no hace falta que te contemos cómo van las del país entero.
Pues bien, tenemos excelentes noticias para ti: aquella vez nos quedamos cortos. O, como decía Superratón, «¡no se vayan todavía, aún hay más!». De hecho, sabemos que existen diversos tipos de países según la forma en que se gobiernan o se han constituido, ¿verdad? Así, tenemos desde federaciones y confederaciones hasta reinos, imperios, ducados y, por supuesto, repúblicas.
Obviamente, con tanta variedad llega la mandanga, es decir, las dudas a cascoporro. ¿Por qué en «reino de Castilla» ponemos con minúscula «reino» y, sin embargo, en «Reino de España» lo escribimos con mayúscula? ¿Y por qué al referirnos a Madrid como capital de España escribimos «la capital del reino» (todo en minúscula), si habíamos quedado en que ese «reino» se refiere al «Reino de España» (mayúscula tanto en «Reino» como en «España»)? ¿Por qué en «Imperio romano» ponemos la primera palabra en mayúscula y la segunda en minúscula? Uf, ¡qué lío!
Que no, de verdad, que no lo es tanto. Repitamos como un mantra nuestra frase favorita en estos casos: que no cunda el pánico. Pues, aunque la RAE nos atiborre a reglas, normas y recomendaciones, y aunque a veces podamos tener la sensación de que son aleatorias y se contradicen entre sí, en realidad siempre tienen una razón de ser. Y este caso no constituye la excepción a la regla, si se nos permite el juego de palabras.
Pero vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador… En concreto, cuatro partes.
1. LA NORMA GENERAL: Hablando rápido y de aquellas maneras, este tipo de etiquetas se escriben con minúscula. Así de simple. Del mismo modo que decimos «el presidente» (que no «el Presidente») o «el rey» (que no «el Rey»), diremos que «Fulanito es el presidente de la república» y que «Menganito es el rey del reino». No hay más vuelta de hoja. Bueno, alguna vuelta sí tiene la hoja, pero la iremos viendo.
2. LOS NOMBRES OFICIALES: Cuando nos referimos al nombre oficial completo del país (que, sobre todo pero no únicamente, suele usarse en contextos protocolarios), en ese caso sí hay que poner su buena tanda de mayúsculas. Porque se lo merece. Porque, del mismo modo que a ti te llaman «Pepita Carrasco de Núñez» (y no «pepita carrasco de núñez», «Pepita carrasco de núñez» o «pepita Carrasco de Núñez»), pues a una nación como es el «Reino de España» no la vamos a llamar «reino de España» o «reino de españa», ¿verdad? Escribiremos su nombre tal y como se lo pusieron sus progenitores. Del mismo modo (por si quedaba alguna duda) que tampoco escribes jamás «reino unido» o «Reino unido», sino «Reino Unido».
Ahora bien, ¿qué ocurre con el caso que mencionamos del «reino de Castilla»? Pues lo que pasa aquí es que el nombre oficial de esa entidad política autónoma es «Castilla», y por eso es la única palabra que merece una inicial mayúscula. Lo de «reino de» no forma parte de ese nombre oficial completo, tan solo es una expresión de su forma de Estado, razón por la cual queda triste y discriminado con su cajita baja.
Y siguiendo con las monarquías (nos salen hoy las coronas por las orejas, oiga), ¿por qué escribimos «la capital del reino» para referirnos a Madrid, si en el fondo hablamos de «la capital del Reino de España»? Pues muy sencillo: porque, en este caso, la palabra «reino», aislada de ese «de España», deja de formar parte del nombre propio del país y pasa a convertirse en un sustantivo común, razón por la cual lo adecuado es usar minúscula.
¿Todo bien hasta ahora? ¿Necesitamos una aspirina? ¿No? Vale, seguimos…
3. LOS NOMBRES NO TAN OFICIALES: Ha llegado el momento de abrir una puerta del tiempo y viajar al pasado. A la antigua Roma, en concreto. Porque ¿cuántas veces habremos visto escrito «Imperio Romano», con todo en mayúscula, cuando en realidad es «Imperio romano»? El principal problema con que nos topamos aquí es más de precisión histórica que de nomenclatura. Pues dicho «Imperio» mayúsculo no hace referencia al nombre oficial de un Estado, que en realidad sería «Senatus Populusque Romanus» («Senado y Pueblo de Roma), sino más bien al tercer período histórico-político que vivió la antigua Roma; los otros dos son la Monarquía (desde que se fundó la ciudad) y la República (509 a. C.). Por tanto, la palabra «Imperio» sí lleva mayúscula, al tratarse del nombre propio de dicho período; en cambio, el adjetivo «romano» va en minúscula por ser simplemente el adjetivo que lo acompaña.
Y esto nos lleva a un tema peliagudo…
4. LOS ADJETIVOS MAYÚSCULOS «SIN SER NADA DE ESO ELLOS»: Hay en el mundo más de doscientos países, pero no todos incluyen adjetivos dentro de su nombre oficial, como sí lo hacen, por ejemplo, República Popular China, República Dominicana o Estados Unidos de América (sí «unidos» es un adjetivo, a fin de cuentas). En estos casos, dichos adjetivos exigen su mayúscula, y con toda la razón. Sin embargo, hay ocasiones en las que ese adjetivo no forma parte del nombre oficial, sino que tan solo expresa procedencia geográfica. ¿Y cuándo se dan esas ocasiones? Pues cuando lo que en realidad era un nombre oficialísimo se transforma, como por arte de birlibirloque lingüístico, en otra cosa: en una mera descripción genérica. Más de una vez habrás oído en los medios referirse a «República de Turquía» como (la) «república turca». Seguro que ya has adivinado lo que ha sucedido aquí: que, al querer ahorrarse letras y transformar ese «de Turquía» por «turca», resulta que de forma automática y no intencionada se ha transformado lo que era un nombre oficial en una mera descripción genérica. O, para verlo con mayor claridad, se transforma la señora doña excelentísima República de Turquía en…, ya sabes, una república que es turca.
Y con esto cerramos la entrada de hoy. Ya has visto que incluso las letras tienen sus jerarquías y sus protocolos. Pero basta con conocerlos para no quedar como unos paletos sin mundo.