No podemos decir que España se caracterice precisamente por su elevado consumo de cine en versión original. Nuestra historia es la que es y la inercia tiene un poder inconmensurable; aunque, desde luego, también entran en juego otros factores algo más complejos y concretos que ese.
De todos modos, hay que admitir que quizá esa tendencia ha cambiado un poquito en los últimos años (un poquito, tampoco nos volvamos locos), sobre todo gracias a la llegada de los DVD y los Blu-ray, primero, y de las plataformas digitales, después. De acuerdo, sigue siendo necesario hacer auténticos trabajos de espeleología para encontrar cines especializados en proyectar películas en VOS (versión original subtitulada)…, y ya no hablemos de los no especializados, pues, cuando encontramos alguno, las sesiones no dobladas pueden contarse con los dedos de una mano.
Pero el caso es que las cosas sí han cambiado un poco e incluso han dado pie al debate (quizá ya viejo, a estas alturas): ¿ver cine en versión original subtitulada es mejor que verlo doblado? Un debate del que, por cierto, en Nemo ya nos hicimos eco en su día. Sea mejor o peor, lo que, sin duda alguna, está clarísimo es que hoy nos resulta más fácil que nunca ver cine (o series) con las voces originales de sus actores.
Ahora bien, ¿cómo podemos saber si los subtítulos que acompañan a las imágenes están a la altura? A este respecto, Netflix ya ha sido objeto de polémica no una ni dos veces. Y, aunque en cada polémica los motivos han sido bien distintos, quizá esto nos despierte ciertas dudas que no siempre nos planteamos: ¿hay alguna especie de regla escrita para un buen subtitulado? Te adelantamos que sí, y que incluso alguna no tan escrita. De hecho, las podemos dividir en cuatro grandes bloques de consideraciones que se deben tener en cuenta: espaciales, temporales, ortotipográficas y lingüísticas. Veámoslas una por una.

CONSIDERACIONES ESPACIALES
Estas son las que más nos pueden saltar a la vista, obviamente, pues influyen en el modo en que nuestro ojo capta el conjunto de la imagen.
• Los subtítulos siempre se muestran en la parte inferior de la pantalla, como seguro que ya has observado alguna vez. ¿Hemos dicho «siempre»? Bueno, en realidad hay una excepción: cuando en esa parte inferior se muestra texto ya insertado de antemano (por ejemplo, un título de crédito o un subtítulo preintegrado en la propia película original porque un personaje habla un idioma distinto al de los demás y, por tanto, había que subtitularlo). En ese caso, el subtítulo que haya que añadir pasa a la parte superior de la pantalla, para que ambos no se solapen.
• Un subtítulo jamás debe prolongarse más de dos líneas, pues el espectador no puede leer más de dos sin perder imagen. Recuerda que los subtítulos no deben saturar la pantalla ni competir con la escena.
• Cada línea se compone de entre 28 y 40 caracteres (a no ser que lo que pronuncie el personaje quede incluso por debajo de eso, claro).
• A la hora de realizar el cómputo de caracteres, cada signo ortográfico (comas, puntos, exclamaciones, interrogaciones…) cuenta exactamente lo mismo que una consonante o una vocal.
• Si dos personajes hablan en el mismo subtítulo, convendrá reservar una línea (y solo una) para la intervención de cada personaje. ¿Y si hablan más de dos al mismo tiempo? Ahí habrá que seleccionar las intervenciones más relevantes y subtitular solo esas.

CONSIDERACIONES TEMPORALES
• Cada subtítulo debe aparecer y desaparecer de pantalla con la máxima sincronización posible respecto al discurso oral. Obvio, ¿verdad? No puede ser que un personaje haya dejado de hablar y, sin embargo, la representación escrita de lo que acaba de decir siga en pantalla tres segundos después.
• La duración mínima de un subtítulo es de un segundo y la máxima es de seis. Dependerá en ambos casos de la cantidad de texto que haya que leer, por supuesto.

CONSIDERACIONES ORTOTIPOGRÁFICAS
• La finalización de un subtítulo se marca con un punto. A no ser, claro, que la frase que se cierra acabe necesariamente con otro tipo de signo: exclamación, interrogación, puntos suspensivos… Y hablando de puntos suspensivos, estos también se emplean para marcar omisiones, pausas o interrupciones en el discurso.
• Cuando interviene más de un personaje en un mismo subtítulo, cada intervención se indica con un guion.
• La cursiva se reserva para palabras en lengua extranjera, voces provenientes de personajes fuera de pantalla o de televisores o radios, títulos de películas o libros y letras de canciones.
• Solo se escriben de forma íntegra en mayúsculas aquellas palabras que en el texto original ya aparecían en mayúsculas (como los titulares de un periódico, por ejemplo), así como el título de la película o serie en cuestión.
• Las comillas dobles (“”) resaltan citas directas o determinados usos especiales, como incorrecciones gramaticales o, a veces, ciertos juegos de palabras.

CONSIDERACIONES LINGÜÍSTICAS
• Dadas las limitaciones de espacio y tiempo, uno de los rasgos más distintivos de la subtitulación consiste en reducir la longitud del discurso escrito con respecto a la del oral. Por supuesto, ello exige descartar el contenido más superfluo y mantener en pantalla el más relevante. También ayuda bastante moderar el uso de interjecciones y evitar la repetición de ciertas palabras y de muletillas.
• Conviene adecuarse lo máximo posible a los matices idiomáticos y las referencias culturales de la lengua original.
• Por último, si es necesario, se pueden utilizar símbolos y abreviaturas lo bastante conocidos por los espectadores.

Al principio de esta entrada comentábamos que, aparte de estas normas escritas del buen subtitulado, tal vez había alguna no tan escrita. Pues bien, esa podría ser la de guardar fidelidad no solo a lo que se dice y se ve en pantalla, sino también a la intención que subyace tras ello. Y, en efecto, aquí estamos hablando de censura. Cuando se altera a propósito y de forma innecesaria el contenido y la intencionalidad de un texto para modificar el argumento, el mensaje o incluso la personalidad de los personajes, como ocurrió este verano con la serie de Netflix El verano en que Hikaru murió (Hikaru ga Shinda Natsu), qué duda cabe de que se está haciendo un trabajo más que dudoso. No en vano, de todos los errores que pueden cometerse al subtitular, este nos parece el más grave, pues en el fondo es una traición (a los creadores de la obra y a sus espectadores).