El pasado 15 de diciembre, la Real Academia Española (RAE) hizo pública la versión electrónica 23.8.1 del Diccionario de la lengua española (DLE). ¿Que llegamos un poco tarde? Quizá, pero más tarde llega la RAE a la hora de incluir según qué términos en su diccionario, y a ella no le reprocháis nada. Además, ¿no suele decirse que nunca es tarde si la dicha es buena? Pues dichosa nos parece esta noticia, así que la compartimos.
De nuevo, se ha incorporado un buen número de novedades pertenecientes al ámbito científico, como los términos «termoquímico» (del campo de la química, obviamente) o «gravitón» (del de la física), por no hablar de otros cuya ausencia resultaba bastante sorprendente, como «narcoléptico» u «ovulatorio» (ambos del ámbito médico, por supuesto).
Aunque, si de ausencias sorprendentes hablamos, hay algunas que se han hecho esperar mucho pero que muchísimo, como el verbo «loguearse» y los anglicismos crudos «gif» o «hashtag», que hemos perdido la cuenta de la cantidad de veces que los usamos de forma cotidiana desde hace bastante años.
Y eso por no mencionar expresiones aún más longevas y sobradamente asentadas en el uso común, como «alfombra mágica» (¿qué niño no ha volado sobre alguna en su imaginación?), «marcianada», «farlopa», «prémium», «microteatro», «juguete roto» (en el sentido de persona muy famosa ya venida a menos), «piercing» u otras tan simpáticas como «bocachancla», «braguetazo» y «tetris».
También tenemos, como no podía ser de otro modo, la ampliación de acepciones en palabras que ya habían quedado recogidas en el DRAE, como las de «chapar» en el sentido de «cerrar un establecimiento» o «brutal» en el sentido de «magnífico, maravilloso» (sí, nosotros también nos quedamos estupefactos de que hayan tardado como medio siglo en incluirlas).
Ahora bien, las adiciones estrella las encontramos en neologismos como «milenial» (adaptación de la voz inglesa «millennial», que esa sí estaba ya incluida) o «turismofobia», ambas de la suficiente actualidad como para merecer incluso un lugar destacado en titulares. Aunque, para lugares destacados en prensa, ahí tenemos una inclusión tan polémica como la cuarta acepción de la palabra «mena», que se produjo a principios de 2025 y que algunos sectores no vieron con muy buenos ojos por considerarla estigmatizante. Así, como resultado, y dado que en realidad la RAE se limita a recoger y describir usos, a finales de año decidió agregarle a esa cuarta acepción una nota, para especificar que a veces se utiliza de forma despectiva. Nunca es tarde si la enmienda es buena…