¿Te has preguntado alguna vez por qué, casi a simple vista, ciertas publicaciones te resultan de lo más atractivas, incluso fascinantes, mientras que otras te hacen torcer el morro y alejarte de ellas igual que un vampiro ante un crucifijo o una ristra de ajos?
No te preocupes, no tienes ningún problema. Algunos dirían que lo que tienes es buen gusto. Y, posiblemente, también cierto instinto. Pero, a riesgo de que nos tachen de aguafiestas, diremos que no es tan sencillo. De hecho, eso que te atrapa o te horroriza (según lo bien o mal ejecutado que esté) se llama «diseño editorial». Y no es una mera cuestión de «gusto», sino más bien el resultado de un minucioso proceso técnico y estratégico. Un proceso que tu ojo ha sabido captar, de acuerdo. Pero que, si ha sabido hacerlo, es porque con los años lo han «entrenado» para que así sea.
Créenos: de eso conocemos mucho en NEMO Edición y Comunicación, que ya sabes que este año cumple diez años «desfaciendo entuertos» editoriales. «Entuertos» que se pueden manifestar de muy diversas maneras, como veremos, pero que desde luego nunca pasan desapercibidos.
Así pues, y un poco a modo de celebración de esos primeros diez años en el sector, dedicaremos la entrada de esta semana a echar un vistazo a los errores más comunes que pueden sabotear un proyecto editorial… y, por supuesto, a cómo en NEMO Edición y Comunicación los solucionamos combinando técnica y creatividad. ¿Preparados?
SANGRE, FUEGO Y DESTRUCCIÓN: Esta es la principal pata que cojea en muchos proyectos editoriales, así que empezaremos con ella. Nos referimos, cómo no, a los equipos descoordinados. Plazos que hay que cumplir y a los que no se llega, con lo cual se resiente todo lo demás (las prisas nunca son buenas si no se saben encarar con aplomo); varias versiones de un mismo archivo (¿cuál era el bueno?, ¿el último o el anterior?); correcciones que el autor no entiende o que no se acaban de adecuar al libro de estilo de la editorial; maquetaciones que hay que retocar porque a última hora se ha decidido que hay que poner otras imágenes en mayor resolución o cambiar de tipografía… En definitiva, quebraderos de cabeza constantes que pueden desbordarte si no los sabes afrontar. ¿Y cuál es la solución? ¡Pues nosotros! Al asumir el papel de coordinadores en ese engorroso proceso editorial, NEMO Edición y Comunicación te vamos a ahorrar muchos problemas, pues sabemos poner orden en el caos (o, mejor aún, anticiparnos a este). Tendemos puentes entre el autor, el corrector, el diseñador, el maquetador, la editorial y cualquier otro involucrado. Porque sabemos de buena tinta (¿de qué otra buena cosa íbamos a saberlo?) que solo así sale todo a pedir de boca.
CHAPA Y PINTURA: O, como lo llamamos en el sector, «corrección ortotipográfica». Te sorprendería saber cómo llegan a veces los textos a una editorial: llenos de errores gramaticales, sin tildes (o con demasiadas), dedazos de todo tipo, gratuidad o tacañería de cursivas, negritas porque por qué no… Pero para eso estamos nosotros, para hacerles un buen lavado de cara y dejarlos bien presentables.
LIFTING, BOTOX Y OTRAS OPERACIONES DE CIRUGÍA ESTÉTICA: En «La fuerza del destino», Nacho Cano dudaba de si lo que lo había enamorado de la chica de la canción era «esa cara tan rara, un ojo aquí y un diente allá». Pero en el mundo editorial los ojos han de estar donde han de estar, y los dientes igual. ¿Qué queremos decir con tanta metáfora? Pues que no siempre basta con un poco de maquillaje, de chapa y pintura: en ocasiones, los textos nos piden cirujano y bisturí. Porque, admitámoslo, algunos llegan con las mejores intenciones pero muy poca claridad. O están cuajaditos de redundancias, frases kilométricas, incoherencias, problemas de ritmo y cambios abruptos de estilo. O carecen de estructura. O, ¿por qué no?, están escritos en otro idioma y necesitan una traducción profesional que no suene a traducción de aficionados. ¿Cuál es nuestra labor en todo eso? Pues ponernos en plan «Nip/Tuck», detectar lo que necesita el texto y sacar un bellezón tan natural que ni siquiera parezca que ha pasado por quirófano.
TRAPITOS Y COMPLEMENTOS: Que sí, que ya tenemos un texto que es una auténtica monada. Casi no lo reconoce ni la madre que lo parió (es broma…, nunca se nos va tanto la mano). Pero ¿qué le falta para su cita con los lectores? Pues, obviamente, un modelito resultón. Y con «modelito» queremos decir maquetación, claro, pues a fin de cuentas es lo que «viste» al texto (qué poéticos nos hemos puesto hoy…). No todo el mundo entiende de tipografías, márgenes, proporciones, ríos, líneas viudas o huérfanas y jerarquías visuales. Pero todos sabemos cuándo hay «algo» en la página que nos provoca desazón, que no debería estar allí…, que tiene mala pinta. Y ese algo suele ser una maquetación mal hecha. Da igual lo brillante que sea el texto: si se ha maquetado a trancas y a barrancas, con cincuenta tipografías distintas y todos los errores que se te puedan ocurrir, no sirve. Como cuando Cenicienta se puso el precioso vestido que había diseñado y cosido para el baile real y sus hermanastras se lo dejaron hecho trizas. ¿A dónde vas, pobre de ti, con esos harapos? Da igual lo monísima que seas. Por suerte, en NEMO Edición y Comunicación también podemos encargarnos de diseñar y maquetar las pruebas finales. Sabemos lo que cada proyecto editorial necesita y nos preocupamos de cuidar hasta el más mínimo detalle para que la publicación final no solo tenga muy buen aspecto, sino que resulte altamente funcional y pueda leerse con toda comodidad. El diseño debería vestir y realzar, no distraer.
RESPETANDO EL CÓDIGO DE ETIQUETA: Hasta ahora, quizá hayamos dado la impresión de que «estas son nuestras reglas y así jugamos el juego». Pero también sabemos adaptarnos, lo cual resulta muy importante en el sector editorial. A menudo, nuestros clientes tienen muy claro lo que quieren y cómo conseguirlo, e incluso han desarrollado una metodología al respecto, así que no seremos nosotros quienes la pongan en entredicho. Si hay un libro de estilo específico que quieren que observemos, nos ceñimos a él. Si hay un modelo de maquetación preestablecido, lo seguimos a rajatabla. Podemos proponer ideas y soluciones cuando consideramos que merece la pena, pero no nos gusta tomarnos la justicia por nuestra mano. Porque, a fin de cuentas, la etiqueta está para seguirla.