Es probable que ya supieras que el llamado «síndrome de Asperger» se engloba dentro de los trastornos de espectro autista. O incluso que han presentado este cuadro neurológico personajes tan célebres y brillantes como Andy Warhol, Steven Spielberg, Greta Thunberg o Bill Gates.
Sin embargo, ¿sabías que, pese a darse con mucha mayor frecuencia que otros tipos de autismo, también es más desconocido? De ahí que resulte tan útil e importante que anualmente celebremos una efeméride como el Día Internacional del Síndrome de Asperger (apunta, que está al caer: el 18 de febrero), con el objeto de visibilizar las necesidades específicas tanto de quienes sufren este síndrome como de las personas de su entorno.
Nosotros no podemos darte pautas para que te conciencies respecto a este síndrome (no es este el espacio), pero sí podemos dártelas para que escribas sobre él como es debido. Así pues, toma nota…
MAYÚSCULAS SIGNIFICATIVAS: Recuerda que escribimos «Día Internacional del Síndrome de Asperger», con inicial mayúscula en cada elemento significativo de la expresión, por tratarse del nombre oficial de una festividad. Ahora bien, cuando hables del síndrome de forma aislada, lo correcto es dejar la mayúscula solo para el apellido de quien lo descubrió, el pediatra austriaco Hans Asperger Asperger: «síndrome de Asperger». Pero ojo, que no es tan fácil…
¿ÁSPERGER? ¿ASPÉRGER? ¿QUÉÉÉ?: Al igual que ocurre con la sustantivación común «alzhéimer» frente al término oficial «enfermedad de Alzheimer», otro tanto podemos decir en este caso, pues el apellido «Asperger» lo podemos usar de forma aislada como sustantivo común para referirnos a la enfermedad, en cuyo caso diremos, o bien «ásperger» (con tilde en la «a» inicial), o bien «aspérger» (con tilde en la primera «e»): «Tengo ásperger»; «Han diagnosticado aspérger a la hija de Juana».
DIAGNOSTICAR… ¿CON? ¿DE? ¿O NADA?: Durante muchos años, repetimos como loritos que «ser (alguien) diagnosticado de una enfermedad» era una construcción incorrecta y censurable, y que lo correcto desde el punto de vista académico era «diagnosticar una enfermedad a una persona». Sin embargo, aunque esta segunda opción es la más frecuente, o al menos eso dice la RAE, ambas alternativas (a las que cabría añadir la de «ser [alguien] diagnosticado con una enfermedad») son correctas y ninguna es censurable.
MÁS MAYÚSCULAS NO SOLICITADAS… Y PUNTITOS QUE SOBRAN: La sigla TEA corresponde a la afección llamada «trastorno del espectro autista». Y, sí, sabemos que, al ver esas mayúsculas tan hermosas de la sigla, dan unas ganas horrorosas de replicarlas en la forma desarrollada y encasq uetarle al sufrido lector un no menos horroroso «Trastorno del Espectro Autista», ahí con buena cosa de iniciales mayúsculas. Pero te recordamos que esa expresión funciona como sustantivo común y, por tanto, lo apropiado es ponerla en minúscula, por mucho que su sigla lleve mayúscula por aquello de ser sigla. Y hablando de siglas… o de acrónimos, en este caso: ni se te ocurra escribir «T. E. A.». Las siglas jamás llevan puntos entre cada letra. Así pues, «TEA».
NEURODESARROLLO: Por último, el prefijo «neuro-» y el sustantivo «desarrollo» tienen una relación muy cordial, así que no seas borde y los separes (nada de «neuro desarrollo») ni los juntes a la fuerza y de malas maneras (nada de «neuro-desarrollo»). Tienen que ir juntitos pero que muy juntitos (soldaditos, vaya), pues así se entienden bien: «neurodesarrollo». Como ocurre con cualquier palabra formada por un prefijo y una base univerbal, por otro lado.