Hace poco comentábamos que, para celebrar el décimo aniversario de Nemo Edición y Comunicación, íbamos a ofrecer una serie de artículos especiales que compartiríamos cada mes en nuestro blog y a través del boletín.
El mes pasado comenzamos con el primero, en el que hablábamos de la evolución del sector editorial en la última década y de cómo nuestra empresa se ha adaptado a dichos cambios. Pues bien, hoy toca el segundo, donde abordaremos un asunto que a menudo se da demasiado por hecho: el duro trabajo que siempre hay (o debería haber) tras la publicación de un libro.
En el pasado, cualquiera podía agarrar una libreta y una pluma o bolígrafo, y ponerse a escribir esa novela que siempre deseó. Pero el resultado era lo que era: un manuscrito (en el sentido más literal: «escrito a mano»), al que raramente alguien llamaría «libro». Las cosas cambiaron un poco más con las máquinas de escribir, claro. Seguían teniendo sus inconvenientes, sin duda, pero volvían un tanto más legible y de apariencia más «profesional» algo que quizá no lo era en absoluto hasta entonces.
Pero la verdadera revolución llegó con los ordenadores personales y, más en concreto, con los «softwares» procesadores de texto. Aquello ya era otra cosa, pues en cierto modo democratizaba la edición de manuscritos. Ya no solo podías escribir con ellos, sino también «maquetarlos» a tu antojo para darles una apariencia bastante resultona. Y, ya con la aparición de aplicaciones más especializadas como Adobe InDesign, las posibilidades de obtener un producto cada vez más aparente se disparaban.
Ahora bien, ¿basta con eso para obtener un libro profesional? Por supuesto que no. Y la clave está en ese adjetivo que acabamos de usar: «profesional». Porque, por mucho que tengas ciertas herramientas básicas para darle a un manuscrito una apariencia más competitiva (un ordenador, un «software» concreto, una aplicación específica…), todo quedará cojo si te falta el ojo verdaderamente profesional que sepa qué tiene y qué necesita ese texto, qué carencias solventar y qué posibilidades explotar para sacarle el máximo rendimiento.
Por eso Nemo Edición y Comunicación está especializado en ofrecer una serie de servicios indispensables para convertir cualquier manuscrito, sea del tipo que sea y esté en el soporte en que esté, en un libro con todas las letras (valga el juego de palabras):
REVISIÓN Y EDICIÓN: Ningún «software» procesador de texto va a asegurarse de que el contenido de tu manuscrito tenga coherencia, claridad y atractivo. Sí, quizá te detecte ciertos errores ortotipográficos o incluso de estilo. Puede que una corrección con IA te ayude a pulir un poco más las aristas. Pero no encontrarás nada tan afinado y fiable como una revisión integral a cargo de un equipo de profesionales que de verdad sepan enriquecer el texto, cazando los errores (y erratas) más escurridizos, ajustando u homogeneizando el estilo, solucionando ambigüedades, mejorando la fluidez de lectura y, en definitiva, perfeccionando el resultado final mediante soluciones personalizadas para problemas específicos y globales. Es decir, todos esos elementos que a veces les pueden pasar «desapercibidos» a ciertos lectores, pero que precisamente son los que acaban marcando la diferencia (y de qué modo) entre un libro profesional y uno que no lo es tanto.
DISEÑO Y MAQUETACIÓN: Y de elementos un tanto más «invisibles» pasamos a otros que, de primeras, sí pueden saltar mucho más a la vista: el diseño y la maquetación. Quizá un libro esté muy bien escrito y corregido, pero, si se falla en la maquetación, se ha fallado en todo. La legibilidad es indispensable, pues, al igual que ocurre con la comida, leemos por los ojos (a no ser que se trate de un audiolibro o esté editado en braille, claro —y, ya que sale el tema, diremos que en Nemo Edición y Comunicación también nos ocupamos de la accesibilidad para invidentes—). Por eso trabajamos tanto con cubiertas como con interiores, a fin de ofrecerle al libro un aspecto altamente funcional pero visualmente atractivo. Para ello, nos centramos en el uso más eficaz y ajustado de detalles como la tipografía, el formato de páginas, la disposición perfecta de márgenes y encabezados, y el uso de colores, imágenes y elementos gráficos, todo ello adaptado a lo que necesite cada proyecto, ya sea para imprimir en papel o para editar en versión digital.
TRADUCCIÓN: ¿Hay algo más molesto que un libro mal corregido o mal maquetado? Pues mira, más molesto no sabemos si lo hay, pero sin duda conocemos algo por lo menos igual de irritante: un libro mal traducido. Que sí, que ahora hay traductores automáticos estupendos, si los comparamos con lo que teníamos hace unos años, pero no te engañes: siguen sin poderse comparar con un equipo de profesionales nativos altamente cualificados, experimentados y formados en diversas áreas concretas. Profesionales que sí saben afinar como es debido la traducción, hasta tal punto que no solo respetará la voz del autor original, sino que en ningún momento contendrá esa frase o esa expresión que te chirría por completo y te recuerda que, en efecto, estás ante…, en fin, ante una traducción (y no muy afortunada, por lo visto).
INFORMES DE LECTURA: Y cerramos con un punto que, en realidad, podría constituir el inicio de todos los anteriores. Porque hasta ahora hemos dado por hecho que el manuscrito está relativamente bien, al menos en general: de acuerdo, tiene errores ortotipográficos, requiere ajustes de estilo…, pero, a grandes rasgos, es más o menos aceptable. Ahora bien, ¿y si no lo es tanto? ¿Y si está plagado de problemas argumentales, personajes mal construidos, situaciones ilógicas, tono general o específico inadecuado…? Este tipo de situaciones no se solucionan con una revisión ortotipográfica y de estilo, pues requieren volver a construir la casa, como quien dice. O, por lo menos, ponerle unos buenos contrafuertes para que no se desmorone al menor soplido. Para ello resulta de enorme utilidad un buen informe de lectura que evalúe de forma minuciosa e imparcial esos aspectos que quizá se le habían pasado desapercibidos al autor, y que desde luego ningún «software» o aplicación le va a indicar por las buenas.
En definitiva, ya ves que un libro verdaderamente profesional no se hace de la noche a la mañana. Requiere de un proceso en el que se aborda toda una serie de puntos hasta dar con el producto perfecto. Y en Nemo Edición y Comunicación nos encanta abordarlos. Porque créenos: vale la pena.